Todo el trabajo de pre-producción, producción y arreglos no tendría sentido sin la grabación del producto final, el que por fin llega al gran público.

Así es, después de horas y horas en el local de ensayo componiendo, produciendo y tratando con mimo cada compás, llega el momento en el que todo ese esfuerzo cobra sentido y se resume en todo lo acontecido durante el proceso vital que cada canción atraviesa.

Esta grabación se puede afrontar de muchas maneras, pero por lo general en todas ellas se comenzará por la grabación total o parcial de la base rítmica, ya sea en directo o de manera individual, sobre la que se asentarán las canciones. Para evitar problemas en las posteriores fases de la grabación, es recomendable haber trabajado en la producción de las canciones hasta cerrarlas tanto estructural como dinámicamente. Además, en caso de necesitarlas, el apoyo de las guías de referencia será clave en estos primeros pasos, ofreciéndole al músico un entorno en el que pueda ejecutar la pieza de la manera más cómoda y natural posible.

Una vez tenemos la base rítmica correctamente grabada y ejecutada, llega el turno de los componentes melódicos, arreglistas y vocales. Es aquí donde el trabajo de producción de cada canción sale a relucir, donde cada detalle cuenta. Siendo partidarios de la filosofía «menos es más», tenemos claro que estos últimos detalles no son capaces de sustituir un correcto trabajo de composición y producción, pero está claro que para las canciones que funcionen por si mismas estos últimos pasos serán los que pongan la guinda al pastel.